La Memoria como una herramienta de resistencia

Este año se conmemora el quincuagésimo tercer aniversario del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, que truncó el proyecto democrático de la Unidad Popular y dio paso a diecisiete años de una de las tiranías más crueles de la región, así como a la implantación -a sangre y fuego- de un nuevo orden ideológico, cultural y económico.

Hoy es importante insistir en hablar de las 1.469 detenidos desaparecidos y 2.125 ejecutados políticos, según los datos recopilados por el Plan Nacional de Búsqueda, cerca de 30.000 prisioneros y torturados políticos, según las comisiones Rettig y Valech, además de las y los exiliados. Es importante porque nos gobiernan fundamentalistas que apoyaron la dictadura de Pinochet y que han aprovechado los márgenes de la democracia transicional para instalar una agenda regresiva en materia de derechos sociales.

Es fundamental comprender que el gobierno de José Antonio Kast tiene una raíz profundamente pinochetista. Se trata de sectores negacionistas y promotores de indultos a criminales de lesa humanidad, donde los derechos humanos y la memoria ocupan un lugar destinado a su eliminación dentro de su agenda política. Así lo demuestran los recortes presupuestarios y los cambios administrativos en los programas de derechos humanos y en la Subsecretaría de Derechos Humanos, sumados a los profundos cuestionamientos públicos del oficialismo a la labor del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH).

Es nuestro deber entender esa matriz ideológica para problematizar y profundizar en los anhelos políticos que se esconden detrás de, por ejemplo, la Agenda contra el Crimen Organizado y Terrorismo (ACOT). En ella se observa un aprovechamiento de la genuina preocupación que todos tenemos por garantizar la seguridad, utilizándola para criminalizar la protesta social y las reivindicaciones territoriales de las comunidades indígenas.

Como organización sindical, entendemos que nuestro mandato no se limita únicamente a la esfera de las demandas gremiales, sino que abarca también la defensa de los derechos de las y los trabajadores y de la democracia que sustenta su andar y nuestro ejercicio sindical. Si no estamos preparados para comprender lo que está pasando, muchos de los nostálgicos de la dictadura cívico-militar, buena parte de los cuales integran este gobierno, encontrarán el camino pavimentado para instalar los ribetes de esta tiranía bajo la forma de una democracia iliberal.

Este 11 de septiembre, para la CONFEDEPRUS es importante recordar a los profesionales de la salud y a todos quienes fueron víctimas de la dictadura, como también lo es rememorar el pasado para entender el presente y proyectar nuestro futuro.

Hoy renovamos nuestros votos como una organización sindical defensora de los derechos humanos, de los derechos de los trabajadores y de la salud pública. Hoy para nuestra Confederación, la Memoria es un acto de resistencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *