Editorial | Septiembre: Primavera de esperanza para el movimiento sindical y social

Ante la instalación de un nuevo gobierno, Chile presenció como algunas organizaciones históricas de relevancia fortalecieron su articulación, como por ejemplo, la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH). Además, las organizaciones de la salud nos veníamos movilizando desde hace meses. Ambos hechos tienen un denominador común: los efectos de los recortes presupuestarios; y una situación indesmentible: ambas movilizaciones se venían desarrollando por caminos separados.

Esta última semana, ese escenario cambió. Todavía no nos atrevemos a señalar el comienzo de un nuevo ciclo de movilización, pero sí se abre un destello de esperanza para quienes consideramos que la salud y la educación son un derecho, y de la importancia de transitar de la fragmentación a una coordinación social más amplia.

En el sector de la salud, CONFEDEPRUS, FENTESS y CONFETSACH, junto con la participación de ANCOSALUD y el acompañamiento de la CUT, coincidimos en una marcha unitaria en apoyo al paro de CONFUSAM de los días 29 y 30 de septiembre. La presencia de la Central Unitaria de Trabajadores y Trabajadoras dio, además, una señal de articulación que trasciende al sector salud, la cual agradecemos por la importancia de la Central como entidad articuladora primordial del movimiento sindical chileno. Esta coordinación tuvo una expresión concreta frente al Ministerio de Salud: la entrega de una carta a la ministra y la construcción de un pliego común.

Más que una fotografía conjunta, fue un ejercicio de convergencia entre organizaciones que no siempre han actuado de manera coordinada. Pero, sobre todo, se logró instalar un mensaje que cuajó en la ciudadanía, que nuestra lucha es por el acceso a una salud digna para la población más vulnerable del país.

Poder transmitir en conjunto y con coherencia que un presupuesto capaz de sostener la salud pública va de la mano con la estabilidad laboral y la plena garantía del ejercicio sindical son aspectos fundamentales para entender la salud pública como un bien público y universal. Asimismo, desde CONFEDEPRUS hicimos -y estamos haciendo- los esfuerzos necesarios para problematizar la importancia de incidir en cualquier modificación al Estatuto Administrativo.

Durante la semana de los anuncios sobre el ingreso del Presupuesto de la Nación 2027, pusimos la mira en explicar que la precariedad y la rotación de quienes trabajan en los servicios públicos también afectan la continuidad de los equipos; y que las restricciones presupuestarias terminan repercutiendo en la capacidad del sistema para responder a las necesidades de la población. Por eso, la discusión sobre las condiciones de trabajo en salud también es una discusión sobre la calidad y continuidad de la atención que recibe la ciudadanía.

Esa articulación tuvo una primera continuidad el 1 de octubre, cuando las organizaciones estudiantiles convocaron a un paro nacional y distintas organizaciones sindicales y sociales se sumaron a las movilizaciones. La coincidencia entre trabajadores, estudiantes, usuarios y organizaciones sociales no garantiza por sí sola una coordinación permanente, pero muestra que existen preocupaciones capaces de cruzar las fronteras de cada sector.

Septiembre, entonces, no puede presentarse todavía como un punto de inflexión consumado, pero sí puede entenderse como una luz de esperanza que debemos considerar como una oportunidad. En un escenario marcado por la discusión presupuestaria, las desvinculaciones en el sector público, la estabilidad de las contratas y los cambios que se plantean para el empleo público, sostener espacios de convergencias nos permiten elevar nuestras demandas sectoriales a demandas sociales transversales.

En las actividades del pasado mes comenzó a instalarse con fuerza una consigna: “Avanzar hacia un paro nacional”. Pero una consigna, por potente que sea, no reemplaza el trabajo político y social que supone construir una movilización de esa magnitud. Un paro nacional no se decreta: requiere acuerdos, legitimidad, coordinación, capacidad de convocatoria y, sobre todo, razones que sean comprendidas más allá de quienes ya participamos en las organizaciones.

Desde los sindicatos de base existe una demanda por mayor coordinación frente a situaciones concretas: despidos y desvinculaciones en el sector público, incertidumbre respecto de la estabilidad laboral, debates sobre derechos sindicales y transformaciones en el empleo público. La respuesta no debiera reducirse a almacenar consignas, sino a explicar con claridad qué está en juego, construir acuerdos y abrir esa conversación a la sociedad.

En ese contexto, la presencia de la CUT en las acciones del mes pasado es una señal que debe proyectarse y afianzarse, sobre todo cuando en su aniversario, a fines de agosto en el Teatro Coliseo, comprometió consolidar un proceso de acumulación de fuerzas con una huelga general en el horizonte.

Nuestro desafío es evitar que estos encuentros vuelvan a convertirse en episodios aislados. Para ello, será necesario sostener los espacios de coordinación, ampliar la convocatoria y reconocer que la unidad no exige uniformidad.

Septiembre no solo dio inició a la primavera, mostró que existe disposición para encontrarse. Lo que ocurra después dependerá de la capacidad de transformar esa disposición en acuerdos sostenidos, incorporar otras voces y conectar las demandas laborales con las preocupaciones concretas de las personas. Si la unidad quiere crecer, tendrá que ser capaz de hablar no solo entre organizaciones, sino también con el país. La primavera siempre puede mejorarlo todo.

*Editorial CONFEDEPRUS publicada en PiensaPrensa

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